SALMO 32, 4-5. 18-20. 22
R. ¡Que descienda, Señor, sobre nosotros tu gracia, en la medida en que esperamos en ti!
R. ¡Que descienda, Señor, sobre nosotros tu gracia, en la medida en que esperamos en ti!
R. Felices los que siguen la ley del Señor.
R. ¡Bienaventurados los que tienen alma de pobres!
R. Vengan a contemplar las obras del Señor.
R. El Señor es mi luz, mi salvación, ¿a quién podré temer?
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.
(Anti. 2) R. Que en sus días florezca la justicia y abunde la paz eternamente.
(Anti. 1) R. ¡Señor, que venga a nosotros tu Reino!
R. Levántate, Jerusalén, y alégrate, porque ya viene tu salvación.
R. ¡Nos saciaremos, Señor, al contemplar tu rostro!
R. El Señor es mi luz, mi salvación, ¿a quién podré temer?
R. La gloria de Dios es el hombre viviente.
R. Bendeciré tu nombre por siempre, mi Dios y mi Rey.
R. Si el pobre invoca al Señor, Él lo escucha.
Ant. 2 - R. ¡Bienaventurados los pobres de espíritu!
R. ¡Alabemos todos al Señor, que levanta al pobre!
Ant. 2 - R. Sí, me levantaré; volveré junto a mi padre.
Ant. 1 - R. ¡Danos, Señor, la alegría del perdón!
R. ¡Señor, tú fuiste nuestro refugio para siempre!
R. ¡Tú eres, Señor, el padre de los pobres!
R. Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio.
R. ¡Levántate, Señor, entra en tu Santuario
con el Arca de tu gloria!
R. Señor, tú fuiste nuestro refugio desde siempre.
R. ¡Cuando te invoqué me salvaste, Señor!
R. Los preceptos del Señor alegran el corazón.
R. ¡Todo el mundo cante la gloria de Dios, aleluia, aleluia!
R. Tú eres sacerdote para siempre,
Mediador entre Dios y los hombres.
R. Envía, Señor, tu Espíritu y renueva la faz de la tierra.
R. Envía, Señor, tu Espíritu; y renueva toda la tierra.
R. Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al sonido de trompetas.
R. ¡Que todos los pueblos den gracias al Señor!