SALMO 21, 8-9.17-18a.19-20.23-24
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me
has abandonado?
Cuantos
me ven se ríen de mí
y dicen
moviendo la cabeza:
“Confió
en el Señor, que él lo salve,
que lo
libre si tanto lo quiere”. R.
Me acosa
una jauría de perros,
y una
banda de malhechores me rodea;
taladran
mis manos y mis pies,
yo puedo
contar todos mis huesos. R.
Se
reparten entre sí mi ropa,
sortean
mi túnica.
Pero tú,
Señor, no te alejes;
eres mi
fuerza, ¡ven pronto a socorrerme! R.
Anunciaré
tu nombre a mis hermanos,
cantaré
tu alabanza en la asamblea.
¡Que
bendigan al Señor todos sus fieles,
y lo
alabe el pueblo de Israel! R.
ACLAMACIÓN
¡Te adoramos Cristo, Rey de eterna gloria!
Cristo se humilló por nosotros
hasta aceptar por obediencia la muerte,
y muerte de cruz.
Por eso, Dios lo exaltó
y le dio el Nombre que está sobre todo nombre.
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